El padrastro

Hoy en día, se cuenta una leyenda un poco escabrosa, sobre un hombre que ya nadie menciona. Por temor, podrían llegar a decirme, pero me inclino más por el asco y la aberración. Es el día de hoy que nadie, en todo el Sur del Gran Buenos Aires, le pondría a su hijo “Juan Carlos”, si conociera la leyenda de este hombre. Pero pongámonos en situación:
Hace bastantes años, en Florencio Varela, una joven con muchas ilusiones, se casa creyendo fervientemente en lo sagrado que es el matrimonio. Cuando el Padre lee los votos, los ojos de Patricia y Victor están llenos de emoción y esperanza en el futuro. Están convencidos de que es un gran paso para ellos a nivel personal, espiritual y social -este último siendo completamente innecesario, pero no viene al caso- y esperan expectantes la llegada de la convivencia matrimonial. Desgraciadamente para ellos, con el pasar de varios años; el día a día, los problemas económicos y las frustraciones laborales de Victor; llevaron la relación a un punto, casi, de no retorno. Los abusos de Victor a Patricia, completamente borracho, tanto físicos como psíquicos, terminaron en una embarazada Patricia. Viendo su incapacidad para poder mantener la nueva vida que venía en camino, Victor tomó el poco dinero que tenían y desapareció para ya no volver. Triste, sola y desamparada, Patricia queda al borde de la histeria. Varias veces intentó abortar la pequeña que crecía en su vientre, pero por suerte para las dos, nunca pasó a mayores. Con el correr del embarazo y con la ayuda de sus allegados Patricia termina aceptando su destino.
Durante este período de recuperación, Patricia conoce a Juan Carlos, un muchacho del barrio que trabajaba en la panadería de Don Aurelio, y que llegaron a hacerse muy íntimos. Nunca una intimidad de alcoba, no pasaron de darse unos besos infantiles. Patricia era rotunda en su negativa, ya que los abusos de Victor eran una heridad que todavía no cicatrizaba del todo. Esta negativa se extendió hasta varios meses después de nacida la criatura. Siete meses. Siete meses después, para ser más exactos.
Esa noche, una noche bastante romántica -y trillada cabe aclarar-; con una cena deliciosa, un buen vino acompañando y a la luz de algunas velas; Patricia y Juan Carlos charlan vanalidades y hacen planes a futuro; como por ejemplo, formar una pequeña familia los tres dándole Juan Carlos su apellido a la beba. El vino empieza a hacer su efecto y empiezan a amarse un poco más apasionadamente. Los arrumacos y los besos corrian despavoridos en el sillón del living, de la casa de Juan Carlos. Mientras se besaban y abrazaban con bastante pasión, Juan Carlos le toma la mano a Patricia y se la lleva lentamente hasta su entrepierna. Un poco reticente a esto, Patricia pone cierto rechazo a la acción, pero siente que Juan Carlos hace más fuerza para lograr su cometido. Ella se sobresalta y lo aleja, recordando un pasado que quiere dejar enterrado. Juan Carlos insiste en que necesitan más intimidad y que él tenía necesidades, pero ella reafirmó su negativa a causa de los recuerdos. En ese instante la nena comienza a llorar y Juan Carlos se ofrece a hacerla dormir. Patricia acepta y trata de relajarse y olvidar su funesto pasado con Victor. A las 2:20 de la madrugada, mientras escucha que Juan Carlos intenta dormir a su pequeña, es ella la que se queda dormida.
Ahora, el reporte policial indica que a las 4:35 de la madruga, un hombre de unos 30 años, vestido sólo con un sobretodo, ingresa a la salita médica de Florencio Varela. Pide urgente y en voz bastante baja un médico. Cuando le preguntan que urgencia lo acerca hasta el nosocomio, éste se abre el sobretodo con bastante cuidado y mientras explica que no sabe porque pasó eso, con las dos manos sostiene, entre sus genitales, el cuerpo muerto de un bebé, el cual estaba atorado en su miembro. La enfermera cae desmayada por el impacto visual. Aludido por varios gritos, el oficial de la Policía Bonaerense -que se encuentra siempre de turno en la salita- en cuanto se percata de lo que pasa, saca su arma reglamentaria y le dispara tres tiros a Juan Carlos, que impactan en su pecho y cabeza matándolo al instante.
Desgraciadamente, o afortunadamente mejor dicho, ya que nadie se merece en vida un tormento semejante, Patricia, al enterarse, se quita la vida tirándose debajo de un tren.
Lo único que queda de esta historia, además de esta leyenda, es un sector en el que nunca crece ningún tipo de hierba, en el cementerio de Varela, donde presuntamente tiraron, en una foza común, el cuerpo de Juan Carlos. Ese nombre maldito… ahora que lo pienso bien, ya nadie lo menciona por miedo.

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